anselma y malena
la última aventura de charlot
biografía
 
 
La última aventura de Charlot


Charlot está definitivamente arruinado. A cada lado de su bigotillo una mala arruga encierra, en un paréntesis de espanto, su boca.

Charlot sonríe y con la manga de su americana lustrosa se enjuaga una lágrima tenaz.

Una lágrima gruesa como un melocotón.

Pero Charlot sonríe. Sonríe porque sí. Pasea por su habitación como deben hacer los hombres preocupados y hace piruetear su junquillo. De repente, ensaya un nuevo paso de shimmy. Las lágrimas gruesas como melocotones le aplastan la nariz.

Una gran carcajada que viene de los cinco continentes llega hasta él.

Charlot sonríe y tira una pequeña coz, como un asno joven.


II

Charlot sonríe siempre y hace preparativos de suicidio.

Sus zapatones chapolotean en un gran lago de lágrimas.

Con sus tirantes Charlot prepara un nudo para ahorcarse de veras. Un gran hipo de miedo le contorsiona el rostro. Sonríe.

Pero Charlot quiere suicidarse.

Considerándose ya muerto, entona la Marsellesa por el descanso de su alma. Luego, se signa con las dos manos a la vez.

Y el cuello bien ligado por sus tirantes se suspende de un clavo que hay en la pared.

En el fondo de la Patagonia, una madre levanta su hijito en los brazos para que vea la muerte de Charlot.

III
Pero los tirantes se han ido extendiendo poco a poco y Charlot toca de nuevo el suelo con sus zapatos descomunales. Sus pantalones caídos son como un par de grillos.

Encuentra que la vida es agradable y sonríe. Deshace el nudo y contempla los tirantes mugrientos que oscilan pendidos del clavo. Charlot hace una mueca de asco a la pared.

Ajusta sus pantalones con una corbata roja y baila.

La última aventura de Charlot

Silba un aire conocido: It is a long way…

Cerca del río Mackenzie unos mineros gritan: ¡Hurrah!

IV
Escondido entre un montón de números viejos del New York Herald, un muchachito rubio grita:

—¡Charlot, tengo hambre!

Es el hijo de Charlot.

La parrafada no me salió de golpe. Me ahogada. Dos Charlot se encoge de hombros y sonríe. Llora. Está desolado. Registra toda la habitación buscando para. Él sabe que no hay nada pero quiere olvidarlo.

Súbitamente se da una palmada en la frente. Evidentemente, ha encontrado una idea.

Con su brocha de afeitarse y un resto de la crema negra con que lustra sus botines pinta en cartón una cara grotesca.

Su hijo sonríe y grita:

—Charlot, tengo hambre.

Charlot se tapa los oídos y llora. Sonríe. Con unas tijeritas se corta una mano y se la tira al niño:

—¡Come!

El hijo de Charlot se come la mano y grita:

—Charlot, tengo hambre!

En una aldea de Siberia unos hombres barbudos aplauden.

V
Bruscamente se quita su americana y su camisa. Se acuesta en el suelo y sonríe.

Llora.

La última aventura de Charlot

Llama a su hijo y le da las tijeras diminutas:

—¡Escarba aquí!

—Aquí- es el corazón de Charlot.

El niño escarba, y saca un corazón sangriento con sus manecitas blancas;

—¿Qué es esto, papá?

Charlot no responde. Está muerto.

El muchachito rubio medita un momento y se come el corazón. Después sonríe:

—Es un beefsteak…

Una gran carcajada va rodando por la humanidad entera…

 

(de El hombre que había perdido su eje, 1926)