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| <<atrás |
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Queda la música |
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Siento que ese tiempo que se fue no ha sido nunca nuestro como cuando te miro y no logro recordar tu cuerpo... Luis Eduardo Aute
Contenido
Andar de mariposa Apunte a lápiz La espuma es la paloma Rumor de pájaros Furia de buzo ciego
Apunte a lápiz
Vuelvo a tus ojos y en ellos te dejo este
apunte a lápiz que no dice nada.
Nebulosa Son
ellos los que escriben, es bueno que lo sepas. Ya quisiera hacerlo como
ellos y, no te miento, me angustio y, finalmente, no tengo otro recurso
que seguirlos, mirarlos y agradecer infinitamente, con el alma de ellos,
de mis dedos, tus palabras que -no te quepa la menor duda-, desde hace
rato se han convertido en uno de los más lustrosos tomos de mi egoteca
particular y privada. Cualquier
filigrana, una canción o una pizquita de nada que me remita a su aura,
que me hable de ella, me roba el aire. Podría pasarme horas escuchando
su voz. Es más, me acomodo, me apoltrono y viajo al plácido remanso de
sus piernas que me redimen, cada vez que leo sus letras. Cuando
me escribe hace lo justo, da forma al vaso que me contiene. Era tan gris
y absurdo el otro lado del mar antes de que existiera Fermina de ese otro
lado. El naranjo florecido era apenas el naranjo florecido, nada más.
Ahora, puedo recoger las flores o cantar quedito una canción, y llegar
hasta la puerta de su casa en el tiempo preciso en que una flor viaja
hasta la alfombra que se forma en el tronco del naranjo. ¿Puedo
dibujar un pincel que se pinte a sí mismo y describa o reescriba una muchacha
blanca o morena que me suscriba en la melanina de sus dedos, en vilo,
sostenido en una sola cerda del pincel de su acuarela? Decir
que digo y no digo nada. Pensar, pienso todo el tiempo, rondo y giro por
los mismos contornos. Contar, no cuento nada que no sean las horas, las
que faltan para que se crucen las agujas y se desaten, a manos sueltas,
las hélices de la locura, la pasión y el deseo. Soñar, no sueño nada.
Apenas duermo, voy por la noche y el día como suicida que se baña en los
caudalosos filos de la navaja; sin miedo, con fe, con hambre y con las
ganas de vivir todas las muertes que presiento en tus latidos... Ando
a trancos por el día, dónde estás, tal vez, no sé, pero tal vez, pienso,
siento, que necesito oír tu voz... La
historia puede nadar en las afueras de la historia que -como dice Marguerite
Duras- sucede por la ausencia de esa historia. Su lenguaje, sin lengua,
se baña en las aguas infinitas de la imaginación de un lectora que va
a la historia sin prejuicios sin carné de identidad y sin manualito de
fórmulas preceptivas, con la espoleta del placer despitonada y suelta.
Una lector participativa capaz de construir y destruir todas las historias,
todas las leyes y gozar a todo viento la desnudez de un texto que se deja
leer por el gozo de gozarlo a toda sed. Tu
cuerpo y mi cuerpo, tu alma y mi alma, tus fuerzas y mis fuerzas, tu nombre
y mi nombre. O al revés, de una forma simple y sencilla, como tú y yo,
dos seres que han decidido unirse, fundirse en uno sólo para ser único,
indivisible, monstruosamente grande, loco y feliz. Tal vez, quién sabe,
ahí esté la clave anhelada para que esta puerta abierta nos una y podamos
encontrarnos cada vez que nos dé la gana en este incierto espacio donde,
un loco día, tú o yo dimos con el par que desde hace tiempo nos hacía
falta. Ala sin la cual habíamos subsistido el vuelo hasta el instante
ni se sabe cómo. ¿Sabes
una cosa? Partiendo de la más sofisticada filosofía cibaeña en la que
soy cum laude, estabas para mí, no hay dudas, porque la pedrada que está
para un burro... dobla una esquina y le da. Noche
a noche me doy cuenta de que estoy loca. Loca por ti. Y pienso (¿es por
eso que las mujeres se ponen tan lindas cuando se enamoran?), voy a verlo
pronto, mejor cuido esta piel que se eriza ahora hasta en el obsceno recuento
de las veces que me digo por dentro su nombre. Lavo mi pelo, mientras
pienso que se acerca la hora del encuentro, mejor cuido estos rizos en
los que hundirá su nariz buscando todos los aromas perdidos de años de
esperarnos y buscarnos. Y sigo pensando, me pregunto: ¿Cómo tocarme a
mí misma como si fueras tú? Siento que soy mar y tu lengua es un río que
se desagua en él. Te comprendo, y eso que no soy muy comprensiva, que digamos. Lo cierto es que no me quedan dedos para contar las escasas largas horas que nos separan físicamente... métete bien esto en la cabeza: nunca he pensado a nadie con esta locura tan sabrosa y lúdica, sólo a ti (dicho con mi propia voz tuya de decir tu nombre mío) Sé que me quedaré con el poco de cordura que te queda entre mis uñas, entre mis dientes, sé que me quedaré contigo muy adentro de mis cosas y ya nunca, nunca, nunca, nunca podrás salir, nunca más, jamás ni nunca. |