Salvo el insomnio, de autoría, a dos manos de
René Rodríguez Soriano y Plinio Chahín, es un ligero
manojo de textos en los que la insondable soledad del escritor y la abúlica
falta de ludismo, rasgos propios del oficio en los albores del tercer
milenio, han quedado afortunadamente superados. Se huele en esta pequeña
obra facturada a dúo un homenaje implícito, una celebración
a la acertada expresión de Roland Barthes, que atribuye al texto
creativo un placer muy particular. Aquí no se vislumbra ni un gran
destino, ni una suprahistoria, ni un más allá mesiánico,
mucho menos un grave compromiso con el tiempo, el hombre, o la sociedad,
ya por parte del creador, ya por parte de lo que crea. Nada. Impera en
este pequeño libro, con rampante soberanía el placer de
escribir, a dos manos, y de leer, a cabeza henchida de imaginación
y libertad estética.
Ediciones La Trinitaria, 2002.
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