la tumba de los crisantemos amarillos
La visita del tercer ángel
biografía
La visita del tercer ángel


RECIBIRÁS LA VISITA de tres ángeles, como te fuera anunciado en sueños, y sabrás reconocerlas por sus alas y su dulce fulgor en la mirada, y después de cada visita te reconocerás como otro y el mismo a la vez

EL PRIMER ÁNGEL llegará a un patio de la Alhambra, vestida de amarillo, con dos pajaritos posados en la mano abierta. la reconocerás por su mirada iridiscente. te hablará despacio en una lengua que apenas sí podrás entender, mientras observas atónito sus enormes alas de plumas rojas en la espalda

—me llamo Sabael y soy la primera de tres ángeles que te visitarán a lo largo de tu vida –te dirá con su voz de mezzo-. vengo de muy lejos y no sé siquiera tu nombre, pero vengo a prevenirte de los cangrejos azules que amenazan con poblar tus noches. al séptimo año, tu plazo se habrá vencido

te preguntará de dónde eres y si podrías bailar para ella y entonces comenzarás a dar vueltas en un merengue con algo de vals que te hará elevar lentamente sobre el suelo. la verás sonreír como si fuera una diminuta Gobernadora de las Estrellas; te indicará que la sigas con una señal de los dedos y la seguirás hasta la Fuente del Generalife. se desnudará lentamente en la fuente. sentirás su denso plumón rozándote la cara. sentirás su boca en tu boca y después en tu sexo como una espada flamígera, mientras el agua forma una enredadera sobre tu cabeza. y piensas si acaso tu tiempo no sea una ilusión porque esa boca celeste en tu sexo, en tu vientre y en tu pecho, te hará olvidar los tantos infortunios. y entonces la verás levantar el vuelo como un brillante crepúsculo entre las aguas

y la buscarás, durante años, en el Patio de los Leones, en los versos que adornan los arcos de las puertas; la buscarás por las calles de Albaicín, en los tablados de flamenco, en las notas de una guitarra insomne y en el vino que se escancia hasta la madrugada; en los libros, en las canciones, el alba, el aire que respirarías cada segundo, hasta que resignado ya a vivir sin ella, esperarás la visita del segundo ángel

EL SEGUNDO ÁNGEL aparecerá, tal como te lo anunciara Sabael, siete años más tarde, en el asiento contiguo, en un vuelo desde San Francisco a París. esta vez, también la reconocerás por el dulce fulgor de la mirada. totalmente desnuda, sostendrá en su mano derecha una llama azul. observarás su piel fresca y el leve plumón que le nacía a los costados y se iba engrosando hasta terminar en seis enormes alas blancas. luego devorarás con tus ojos el velloncito negro entre sus piernas abiertas

—me llamo Sachael y soy la segunda de tres ángeles que te visitarán a lo largo de tu vida. al tercer año, tu plazo se habrá vencido

te dirá que estaba asustada porque nunca había volado en uno de esos aparatos. esperarás en sus palabras la revelación de una verdad atroz, pero lo único que hará será llamarte como desde un sueño. se llevará la mano encendida al pubis mientras murmura unas palabras. y entonces te envolverá en sus seis alas blancas como un capullo en flor y escucharás la dulce queja en sus labios abiertos y húmedos. el vuelo se tornará turbulento. comenzarán a caer rayos y centellas y el avión se sacudirá bruscamente en medio de la oscuridad, pero esto no impedirá que puedas amarla, que puedas alcanzar el rayo y su furia en un orgasmo que acaso se torne confuso y triste entre su suave plumaje. el piloto anunciará un aterrizaje de emergencia –es lo último que recuerdas- y despertarás en una sala de hospital pensando en los ojos ambarinos de Sachael y en la leve queja de sus labios húmedos. y esta vez, como la vez anterior, también la buscarás en los largos meses de convalecencia, en las noches y en los sueños y repetirás su nombre –Sachael-. la buscarás en las palabras, en las piedras, en las aguas de un río imaginario de dicha y placer, hasta que otra vez, también resignado a vivir sin ella esperarás la visita del tercer ángel, pero sin haber olvidado aún a Sabael ni a Sachael

EL TERCER ÁNGEL llegará, vestida de silencio, con un libro abierto en las manos; te encontrará sentado, esperándola en otro café, en otra ciudad y te rozará con sus alas silenciosas y sabrás reconocerla por el orgasmo oscuro en la mirada; y hablarán en otra lengua, en una lengua nunca antes escrita y sus palabras serán mitad fuego, mitad nieve; y te sumergirás en el lago de su mirada profunda, donde una luz muy oscura crecerá como un gran ojo, para que entonces puedas ver la ciudad que nunca viste y escuchar la caída precipitada del tiempo en el abismo; y al caer, podrás escribir en un nuevo alfabeto toda la ternura inédita, todo lo que no dijiste o nunca antes te atreviste a decir por temor al verso torpe o a la mala prosa

ANAEL LLEGARÁ, vestida de azul y silencio, y te leerá con ritmo pausado la página cuarenta y cuatro de un libro nunca antes leído, nunca antes visto, nunca antes imaginado; y entonces escribirás el libro que siempre quisiste escribir y no pudiste; y como un poeta de la piedra esculpirás en la piedra el silencio de otras piedras; y escanciarás el vino de todas las viñas; y llorarás tanto que el Río de la Plata y todos los ríos del mundo se desbordarán en tus ojos; y la llamarás por su nombre –Anael- y le pedirás que no te abandone jamás

—“Escribe, pues, lo que has visto, lo que es y lo que ha de venir, después de esto” –te dirá tranquila, mientras el viento de septiembre –porque también será septiembre en sus ojos- arremolina las hojas muertas de otro parque y las mismas siete palomas levantan el vuelo desde las cornisas de otro Palacio

te llamará por tu nombre y sentirás su carne alada –como dijera el poeta Josua Havu- cuando la veas subir la escalera de otro hotel, más grande y menos frío; y ya en la cama te bajará un pedazo de cielo sin tener que ir al cielo y aunque rehúses implicarte en su silencio oscuro –anterior al final de otro comienzo- comprenderás que el plazo habrá vencido y que sólo unos cuantos tienen el privilegio de ser visitados por el tercer ángel






(de Café insomnia, 2002)