marcador del alba
el nombre olvidado
biografía
El nombre olvidado


El tiempo no rehace lo que perdemos.
Jorge Luis Borges

Había una transparencia en la celosía y la sombra de un hombre que se buscaba inútilmente en el cristal de la puerta. Su nombre dejó de estar visible en el dintel. Un hombre es la refutación del tiempo: se reparte como infinitos espejos en memorias desiguales perpetuando un instante. Pero éste estaba olvidado. Pudo haberse llamado Juan de Panonia el que se perdió entre discursos y concilios sobre la innecesaria forma de Dios; o Pierre, un sujeto que hubo caminado en una hora enferma por el barrio de Saint-Sulpice, sólo con la imaginación, pues esperaba a Michele que se tardaba hojeando a Stendhal en una tienda de libros usados. Pero un nombre es irrelevante para nuestra historia, lo que asombra es que él siga recordando las cosas de la habitación: el cigarrillo sofocado, el pisapapeles de cobre, el libro abierto en la página 66, donde, como toda traducción de Aurobindo, el Bhagavatan habla de los múltiples nombres de Dios donde la muerte se confunde; y la pieza de vidrio que empotra contra el escritorio fotos con niños siempre rodeando a una mujer sola. No pudo tocar esos cuerpos familiares que ahora parecen inaprensibles imágenes de aire que dejan la mano cerrada contra sí misma. Podía oír y ver cosas conocidas, sin embargo, toro era ajeno a su tacto. Soñó una boca con repeticiones próximas a su nombre, pero en un extraño alfabeto. Una voz de mujer lo mencionaba detrás de una puerta cubierta de símbolos que él cruzó sin abrir. Al otro lado estaba el mundo de los vivos y él, inexplicablemente, no pudo dar un paso más, pues había olvidado que sin nombre, sólo la muerte es posible.





(de Un nuevo día ayer, 1996)