salto al vacío
varia invención
de once varas
a sol y sombra
cuaderno azulito
potro alado
nave sorda
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
       
Crónicas crónicas
 
 
 
 
 
 
 
Sombrero de alas muy anchas

Hubo un tiempo que en las cortes, monarcas y mandatarios, contrataron al bufón del pueblo. Eunucos, papanatas y toda cáfila de saltimbanquis del reino, desfilaron por los salones y pasillos para beneplácito de familiares y allegados de encumbrados dignatarios. Jamás persiguieron otro norte que el simple divertimento o la guasonería estos variopintos individuos que, la mar de las veces, anduvieron bailando sobre el delgadísimo filo de la navaja del poder. Ni pensar que pensaran -si es que lo hacían- alzarse con el mando. Gobernar era de sabios, dicen que dijo alguien. (leer artículo )

 
Sábado viejo
Cada vez que pulso la guitarra se me encabritan las canciones en los dedos, y un corno, sabor de ausentes voces, puebla el aire de inciertas melodías. No es la misma ciudad, ya lo dijo el poeta. Ni es la misma muchacha de hace cuatro años, que se montaba en la ventana de la tarde a soñar, los autos y las excavadoras en las avenidas pintan una panorámica de manidos y amolados tonos. (leer artículo )
 
Torpes dribblings
De la misma forma que mantengo distancia y cautela con los Big Mac, el ketchup y los smoothies, tengo mis reservas contra el juego intimidante de Shaquille O´neal. Será porque desde niño no me avengo con la producción masiva de pollos en las granjas –no sé si por su fofa cercanía con The Monkees, Schwarzeneeger o el maravilloso mundo de Disney–. Como la danza, el baloncesto le exige al jugador habilidades para expresar sus emociones a través del cuerpo. A todos, estoy consciente, en la infancia, no nos mecieron la cuna con la misma gracia. Ginobilli, Rashedd, Wade o Arroyo, sin entrar al terreno de los íconos del género, no me dejan mentir. (leer artículo )
 
La noche de la iguana
Contraviniendo normas y principios de buena vecindad, establecidos unilateralmente por el hombre, esta semana en la Florida un bebé caimán optó por conmemorar como todo gran señor el "Memorial Day". Obviamente, los propietarios de la residencia no fueron de igual opinión. No estaba dentro de sus planes compartir con un desconocido las frescas aguas de la piscina que, con tanto empeño y anticipación, habían clorificado y preparado para refrescar su asueto. (leer artículo )
 
Boca de sebo
Sus desafinadas y monótonas peroratas eran más largas que el pito de las doce. Él mismo –decía más de uno–, era más viejo que el rayo, y muestra de ello era la piedra lucia que guardaba en el bolsillo de su ajado pantalón, siempre arremangado de una pierna más que de la otra. Boschista rezongón, enarboló más de una vez consignas y anatemas por la sinuosa inmunidad de "Malaguei". Moncito era un poema, una montaña, un huracán de maldiciones y alabanzas. (leer artículo )
 
El hombre del piano
Unos dicen que vino del fondo del mar. Otros le cuelgan nombre y apellido. Él sólo dibuja y toca el piano. Apareció el 7 de abril pasado deambulando en una playa de Kent, al sureste de Inglaterra, con traje de buen corte sin pasaporte ni carné de identidad. Empapado, huidizo y aterido por el frío, dio pie a más de una teoría sobre su misteriosa aparición. Sin embargo, sus labios no articulan palabra alguna desde entonces. (leer artículo )
 
Mambo del esquizo
En el Palacio de la esquizofrenia no hay rockolas como las de antes. Ni hace falta, la tisana de la tarde hierve un mambo que bate y cuela toda la tersura y el mirar de "mediolao" del más conspicuo de los miembros de número del club de la humildad fingida. Caliente o frío, el cafecito le da el toque justo a las miradas que te eluden al decir "qué bueno verte, cuánto tiempo". (leer artículo )
 
Demasiado vinagre
Qué bueno que no soy Bacilos, que no tengo que “sonar en la radio para ganarme mi primer millón…” ni mucho menos transigir con los que pagan el silencio cómplice. Por ello siempre voy del otro lado de la acera. Como Nietzsche, huyo tanto de los hombres pintorescos como de los funcionarios y sus paniaguadas cortes. Yo, simplemente, leo en rojo. (leer artículo )
 
Viaña el memorioso
Acabo de dar cuenta de las 263 páginas de “La dichosa memoria”, del peruano Eduardo González Viaña. Durante varios días anduve prendido a él como un llavero o talismán. Que yo recuerde –con el perdón de Borges que, a su juicio, sólo un hombre en la Tierra tuvo el derecho a pronunciar con propiedad ese verbo sagrado–, la fuerza o el deseo que me mantuvo aferrado a la lectura de este libro sólo es comparable a aquella devoción con la que esperaba cada noche la entrada de Manuelico por la puerta de la cocina para montarnos en su maravillosa alfombra voladora oral. (leer artículo )
 
Vía en rosa
Esta mañana, en una calle de Miami alguien quebrantó el ritmo de las cosas. Nada que ver con la reapertura de la gruta de San Pedro ni con la caída del precio del oro en la tarde londinense de este miércoles de abril. (leer artículo )
 
Días de radio
Guardo borrosa en el recuerdo aquella tarde del 61, papá se quedó como un sello junto al radiorreceptor. Mi hermana, casi me borra el campo corto, con el tapaboca que calló mi ingenuidad. La radio hablaba de manos peregrinas. Yo apenas balbuceaba mis primeras lecturas de la “Colección Sembrador”, y manoseaba tembloroso y tierno aún un catecismo que no diferenciaba entre la fe y la felonía. Después de la escuela, cruzando el arroyito, se acababa mi mundo, comenzaba el descampado. (leer artículo )
 
Boquita pintada
Me parece verla-oírla, con ese ritmo, cojitranco que acelera, salta, pausa, pausa y vuelve y pausa y se acelera, para alzarse con un grito-canto que le rompe la sordera a los vitrales polvorientos de la iglesia que dormita frente al parque de antes. (leer artículo )
 
Angel caído
Hay días en que casi todo me da igual. Es más, me da par de dos que sea un hombre o un animal el Pato Lucas, y hasta preferiría que –en vez de ciertas aves, y con todas sus terribles consecuencias–las vacas volaran. O que Clark Kent se decidiera de una vez por Luisa Lane o Jaime Olsen. (leer artículo )
 
A orillas de un pomar
Antes todo era distinto, tan sin pisadas, la vida no era más que Cepi Cepi, vengan todos, les queremos presentar: El gran show de las dos” y “en su tanda habitual” de las ocho y treinta, el inmejorable cine Inés vestía su panorámica pantalla para presentar la extraordinaria, monumental, gigantesca, fantástica y emocionante película “Al maestro con cariño”, o una de acción y cajeta… qué sé yo, con Sean Connery o Guido La Verona, diría Miguel Abréu que había dicho el agudo de don Blas. (leer artículo )
 
Un texto lleno de luces
Con el lanzamiento de “Luz y sombra en el pantano”, Fernando Despradel nos confirma su noble actitud frente a la época que le ha tocado vivir. Hurgando en lo más oscuro de los albañales de la degradación humana, como bien postula el refrán popular, logra sacar tierra seca de la humedad. (leer artículo )
 
Torpes trazos
Una sonrisa se ha perdido en los espejos del lago esta mañana, y una mujer cruza la tarde de Madrid con un poema entre los dedos. Tres garzas sin complejos (dos blancas y una negra) ni se enteran que, a golpe de alas, cruzan las palomas por debajo de los techos de los edificios que bailan y se bañan invertidos; abriendo, aguas adentro, nuevas rutas. (leer artículo )
 
Decididamente fuñón
Aunque casi nunca estoy de acuerdo con Grullón, casi siempre estoy de acuerdo con Grullón. No es una excepción a la regla que un buen pulpero devenga en excelente embajador o difusor de los más sanos intereses de una comunidad o una nación. (leer artículo )
 
Para decir adiós
Se necesita aliento y una escafandra para volar los indescifrables muros de la incomprensión y el desconsuelo. Una muchacha dulce cruza el infinito sin zapatos, sin cartera, con la inútil certeza de sus orígenes, sin portaminas sin reglas curvas sin las muñecas ni los apuntes. (leer artículo )
 
Historia sin historia
Un lagarto que corre, se come dos o tres gusanos, y muere una tarde cuando fuman las viejas. Cuenta una historia. Un hombre que corre, y corre perseguido, para morir luego, a cualquier hora cuando lloran sus hijos y otros hijos de otros hombres, otra historia. Un policía que corre y corre, persiguiendo, para morir luego, unos minutos después que el otro, y lo lloran los mismos que lloraron al otro, la misma historia. (leer artículo )
 
Un día volveré
Mientras el gobernador de la Florida –con una anacrónica, verde y desechable camarita de tres dólares–, se empeñaba en captarle el ángulo favorable a su hermanito en su segunda juramentación en la Casa Blanca, Ramón y yo volvíamos a nuestras andadas. Esta vez no nos movían motivos para oír a Tito, ni siquiera intentábamos convencernos ni convencer a nadie de virginidades y blasfemias. (leer artículo )
 
La miseria o la vida
En un ayer remoto no era extraño ver y oír, en las series de la tele o el cine, a un truhán cuando asaltaba a otro para pedirle “la bolsa o la vida”. Hoy no sucede así. La premonición de Borges se ha cumplido y nuestras imágenes, en los espejos, están imitándonos cada vez menos. La realidad ha sido expulsada de la realidad. (leer artículo )
 
Otra noción de patria
Tras más de cinco siglos de fandango y quilombo, me gusta mi país tan cierto en sus misterios. Me encantan mis paisajes de verdores y hazañas, y voy por mis caminos, como dijo el poeta diminuto y austero, sigo “el rastro goteante por el mapa”. De un confín a otro confín el eco anda perdido en los acordes de un merengue sin letra, que dice más de lo que calla en su silencio adrede. (leer artículo )
 
Sucede cada año
A mis 20 años, me propuse un día llevar un diario, cada noche anotaba todo lo que me ocurría durante el día. Eran los años de la universidad, nos creíamos con el derecho de deshojar margaritas en el Capitolio. John Lennon plantaba minas en los polos de la esfera, y en Vietnam las azucenas supuraban sorbitos de napalm. Más que en la multiplicación de los panes y los peces, nos aferrábamos a la linterna de unos ojos claros para cortar en dos las noches más oscuras. (leer artículo )
 
Falso piso
Se escribe con un pez ciego entre los dedos, con un pulpo haciendo cientos de señales de la cruz. Todos los carros van alguna vez camino del infierno, todos los gallos desafinan la sombra con el pincel de su canto. Me gusta la flauta dulce, de caña, la flauta india que tuerce sin romper el viento contorneando su cintura entre los hilos del aire. Me gustan las tubas, los cornos franceses, las maracas. Me gustan los tomates maduros, y levantarme las mañanas grises y mirar que sale o no sale el sol. (leer artículo )
 
Fatiga con Fargot
Yo, que no tengo la imaginación de un Julio Verne para viajar veinte mil leguas submarinas ni el desenfado del tío Julio para darle al día la vuelta en ochenta mundos, intentaré contar las peripecias de mis casi cinco horas en un taxi que intentó cruzar de oeste a este la más vieja ciudad del nuevo mundo. (leer artículo )
 
Belén con los pastores
Aunque el tufillo fatuo de la navidad con desteñidas bombillitas apagadas se interponga a tu paso; o desde la radio, soez, malediciente y decadente, te insulte el desgobierno de la mañana, estás en Santo Domingo. El mar y las palmeras, la gente apresurada y el merengue interviniendo entre el entorno y la paciencia de transeúntes y conductores, embutiéndose en unas calles que se niegan a tragar más autos, más ruido y más vendimia cada vez. (leer artículo )
 
El síndrome Guillot
Pudiera deshojar la rosa de los vientos, cruzar los siete mares, “o hervir –como decía el tío Julio– la radio con las papas” para no oír. Para no ver. Para no sentir. Para no saber que, entre el inmenso abanico de posibilidades que me brinda mi condición de inmigrante, tengo –entre otras– las posibilidades de “aprender inglés sin maestro, hablando en español, como Plácido Domingo, o vivir eternamente gracias al factor calcio, la limpieza del colon o la milagrosa uña de gato”... (leer artículo )
 
El síndrome Guillot II
Ya lo he dicho sin sonrojo. Me encanta nadar y respirar debajo del agua con los pulmones de los peces que no tienen pulmones y de los ahogados sin aliento; me gustan las sandías y las cajitas de coloretes vacías. (leer artículo )
 
Tantalía única
El gusano de Kafka anda suelto en estos días por los predios del mundo. El gigantismo burocrático, en beneficio del utilitarismo, nos ha convertido en burdas entelequias con apenas tiempo para hacerle “upgrades” al juguete o artefacto que, con marcado retraso, habrá de salir mañana. Nosotros mismos somos piezas de recambio, la ciencia, con paciencia, ha pasado a cerrar filas al lado de los grandes fabricantes, que lo dosifican todo. Obsoletizándolo en aras del progreso. (leer artículo )
 
Manjar para Bocanegra
En el patio grande de mi casa grande, en el campo, Macorís lucía con soberbia tranquilidad el brillante y oscuro estremecimiento que, desde el hocico hasta la punta de la cola, le recorría toda la piel. Jamás mordió a nadie, sólo cuidaba a las gallinas y a los patos de la traidora tenazada del hurón u otro intruso. Después, todo era correr, jugar y enseñarnos por la noche el fragmento de algún canto, en un andén de sus ladridos. (leer artículo )
 
Los colores del mundo
Mientras un grupo de científicos desafía los rayos carmesíes del sol del medio día de Sri Lanka, tras los pasos del último elefante albino, cientos de seres humanos se convierten en blanco de los bombardeos de las fuerzas estadounidenses e iraquíes en la asediada Faluya. (leer artículo )
 
Happy End
Te vendo una esperanza, dicen ellos y penetran a la fuerza. Casi te atropellan. Sara, acabada de salir de la cama, yendo como loca por la casa, con la más transparente de sus batas –la que te vuelve loco–, hace otro tanto con ellos, que ya andan por los otros aposentos, propalando sus consignas: compre, rente, adquiera, lleve, aproveche usted la oferta, por muy poco usted se amuebla, la casa y el alma entera. Y los miras, y miras a Sara y a Paúl y a Laura. (leer artículo )
 
Leila tiene stress
Para no asfixiarme con el tufo ácido de los noticieros matutinos prefiero nadar en la asustada calma de los ojos de Leila. Uno es gris, el otro casi gris ensimismado y tristemente grande. Mientras mondo mandarinas o sandías, ella sabanea pelusitas por el piso. Los niños juegan a la guerra en la pantalla. El Chief blande su guitarra vacunada contra el odio. (leer artículo )
 
De boca en boca
Los sábados por la tarde en Miami, si es que no llueve, concluyen siempre frente a un asado y sus alrededores. No hay vuelta de hoja, mientras patos y caimanes se asolean en las lagunas, la gente va de mall en mall, buscando lo que no se le ha perdido. Mudos, frente a la radio o al televisor, que no han dejado en pie ni un solo techo de cristal, dejamos ir sin pena y sin espanto el pájaro del habla.
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Días sin barba
Cuando no se tienen grandes disyuntivas en los días, y en el rostro, dispersas, pelusitas claroscurecen el mentón y las mejillas, uno tiene todo el tiempo para planear mondo y lirondo el universo sobre la palma de la mano. A nado se puede cruzar el ancho y caudaloso río de la infancia, sin desmayos; o bracear de rama en rama los feriados y las vacaciones, a pecho abierto. Sobre todo, si uno ignora que, aunque son de tiza las fronteras, su polvillo irrita pituitarias, iris, epiglotis... (leer artículo )
 
Bola de humo
Mientras en Nueva York cientos de parroquianos comentan el sorpresivo triunfo de los Yanquis frente a los Mellizos en el segundo juego de la Serie Divisional de las Ligas Mayores; Shirin, una mujer afgana que hace un par de años perdió a su marido en la guerra, más que los numeritos de Hideki Matsui, le teme a los pesados juegos del invierno sin abrigos, sin esperanzas. (leer artículo )
 
Maí, mimí
Era al sur, no tan al sur, como la calle Atlántida de Ricardo Kleine, una pensión en la Jonas E. Salk, casi con Filomeno Rojas. Solíamos endulzar las tardes con enlatados de guayaba La Famosa. Luis, de vez en cuando, intentaba escurrirle la leche al agua, que en esos tiempos se embotellaba en litros que luego devenían en floreros; Piro, en cambio, aunque maldecía a la Banda Colorá, no dejaba de pegarle los cables al fatuo contadorcito de Montilla. (leer artículo )
 
Fotos de familia
Verano del 82: Llueve afuera, una llovizna suave y mansa. La radio habla aún de Las Malvinas. Albita no se cansa de sonar en el casete las canciones de Yuri. Néstor hace y deshace torres por los alrededores de la terraza. (leer artículo )
 
Entornos del retorno
Todo viaje entraña siempre cierta huida. Viajar es otra forma de quedarse en el entorno para dibujar con tenues trazos un lienzo que desnuda todo lo que la cosmética con su elusiva máscara no logra transformar. (leer artículo )
 
Azar del azogue
Mientras la naturaleza se derrama furiosa en agua y vientos por el Caribe, el mundo se desangra por los cuatro costados. Como el vaso de Tántalo, el terror sigue vaciándose sobre la conciencia de la humanidad. Empantanados en una “glíglica” monserga –indignatarios y atorrantes, ferozmente armados–, nos aborregan y conducen por los más sórdidos albañales. (leer artículo )
 
Orégano sea
 
 
Sueños que sueño
¿Vuela el ave ante el asedio de la nada? ¿O es cierto que el placer –decía Bataille– empieza en el momento en que el gusano se aloja en la fruta? No lo sé, sólo imagino a Adán babeando ante las torres y a Eva, toda ella, dueña y señora de las frutas del paraíso, punteando firmes sones con su andar sobre la tarde, minutos antes de que Adán, loco perdido, nada, nada y nada buzo en sus senos. (leer artículo )
 
Todos somos Carlos
No atino a recordar ni lugar ni momento preciso de mi primer encuentro con Carlos. No creo que tenga importancia ahora. Lo conocí. Puedo contar cientos de historias llenas de colores ocres, pardos, mustios, relacionadas con Carlos, relacionadas con una resbalosa realidad que, aunque se intentara empañar con óleos o acrílicos, tiene color y vida. (leer artículo )
 
Días de ira
En “Una modesta proposición destinada a evitar que los niños de Irlanda sean una carga para sus padres y el país”, Jonatan Swift entendía que, para reducir el exceso de los mismos, lo viable era cocinarlos y comérselos. “Os perdono –dicen que dijo Luis XV a Charolais, que había matado a un hombre por divertirse–, pero haré lo mismo con el que os mate”. (leer artículo )
 
Me basta con mirar
Vivo en una choza en la montaña, retirada del ruido de los autos, desde donde nunca se alcanza a ver el mar. Trozas de pino y cedro conforman las paredes que me cuentan con lujo de detalles sobre el trinar y el tronar del viento afuera. No tengo cuadros ni relojes, barómetros o escafandras. No mido la distancia ni el tiempo. Oigo la música que rubrican los seres y las cosas. (leer artículo )
 
Leer en el parque
Una señora corre porque su niño, que hasta hace unos minutos también corría, ahora llora. Más acá, a la izquierda del roble–diría Benedetti– una pareja que fue centro de atención de todos por la forma en que se gritaba, ahora, se toca, se acaricia. Dos viejecitos hacen todo lo posible porque cada uno escuche toda la sabiduría que resuman sus escasas y grises cabelleras. Yo, yo leo a Borges. (leer artículo )
 
Cerca de lo lejos
Quería escribir pero no quería escribir. Tenía un conejito color mugre con los ojos casi tintos, tirando a vino; un pichoncito de cuyaya que murió aplastado por un frasco de betún; un tocadiscos con el brazo desorbitado, sin aguja, zumbando contra el eco de la tarde hueca, y una canción, tenía. (leer artículo )
 
Para uso oficial
Una marimba coja azul sobaco va zumbando en las rigolas de la tarde, y una cigua palmera se descose el cuello en las esquinas del pambiche. Lento, muy lento, con un lapicito ciego de latón y bienmesabe, el poeta escribe y ríe con su risa más pública y contradictoria. (leer artículo )
 
Cubrir la historia
De niño,  en el Catecismo, me contaron de un gran sabio que anduvo de uno a otro confín tratando de desentrañar los misterios del universo. Cansado de vagar, llegó a orillas del mar donde encontró a un niño con una jarrita en la mano, intentando trasvasar toda el agua de los océanos al hoyito que había cavado en la arena. (leer artículo )
 
Ojo de agua
Este jueves, de dispersos aguaceros y heroicas remembranzas, que ya no son más que remembranzas, me deja un capote de confusión y angustia. No sé qué hacer con mis anhelos y temores. (leer artículo )
 
Ausencia de malicia
La justicia es un arte, tiende trampas y argucias. Lo justo es la injusticia, bilioso río de nauseabunda tinta que, desde que el mundo es mundo y vive gente, corre artero por los códigos. Es un juego de imágenes que se interponen, y se sobreponen en el lugar y en el momento justo. La paz y la justicia duermen en un jergón inmundo. (leer artículo )
 
Insólito animal
Venturoso animal, de tan extraño, es la felicidad. Obstinado animal que opera como nave o tren que te introduce por los raíles del amanecer o las tardes tranquilas; helado que se sorbe a la orilla de la fuente, para encontrarse en el otro que no es uno mismo, pero se complementa. (leer artículo )
 
Memorias del 59
La brisa de la tarde del 14 de junio juguetea en la melena de los pinares, una muchacha quizás corta flores, y algún niño empuja un carrito de ruedas de javilla. A simple vista, nada perturba la paz que respira el Constanza de entonces, a no ser por los tres o cuatro rafagazos de la cincuenta que se le trancó al sorprendido y asustado guardia de servicio en La Aviación. (leer artículo )
 
El mal del tiempo
De pequeño, en la escuela, me atiborraron de tantas fechas, fórmulas y sonoros nombres que, en cierto modo arruinaron mi capacidad de memoria. Hoy, en realidad, no sé si es ayer o pasado mañana, y hablo de las cosas viejas como si acontecieran ahora mismo. (leer artículo )
 
Plan de fuga
Pasadas las elecciones presidenciales, el 16 de mayo, me felicitaba porque esperaba que los dominicanos despegarían los ojos y los dedos de las pantallas de sus computadoras, poniendo fin, de una vez por todas, a las largas y aburridas cadenas de correos atiborrados de mensajes que iban, desde el más pedestre e ingenuo chiste, al más despiadado y sucio libelo. (leer artículo )
 
Defensa y alabanza de Caín
Ciudad Aos Cura, mayo de 2248 - El auriga se ha reelegido por quincuagésima nona vez, y embelesados frente a un gigantesco videófono, los niños repiten hasta la saciedad las 48 palabras a las que ha sido reducido el vocabulario del hombre nuevo, liberado de todo prejuicio utópico y tonto. (leer artículo )
 
La sal o el chivo
En un ayer cercano que pudiera perderse en algunas esquinas del tiempo, muchos de nosotros podríamos reproducir en la memoria las tres o cuatro familias que conformaban el vecindario o el barrio donde crecimos, donde asistimos a la escuela, la iglesia y, donde probablemente, a escondidas, fumamos el primer cigarrillo. (leer artículo )
 
Por Alexa Nicole
Mientras me devano los sesos por pulir verbo, sujeto y complemento para construir frases tan limpias como pan y justicia, una niña con su incierta grafía de apenas ocho años grita sobre el papel todo el amor que en su pecho le cabe por una vida junto a su hermana menor: “Quiero que te sanes, terruño chiquito”.
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Génesis si acaso
¿Para qué sirve una novela en la hora actual en que los indignatarios y suplentes, en su afán de perpetuarse en sus acartonadas glorias, siguen oreando al sol los sucios trapos de la guerra?
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Aislados lados
Dibujábamos la isla irregular y perfecta como un trozo de queso, que se nos derramaba de las manecitas regordetas, temblequeante. Retozábamos incrédulos sobre los cinco cacicazgos, trastabillando contra el horizonte, frondoso mundo que desbordaba las pupilas: Quisqueya, Hispaniola, Saint Domingue, Santo Domingo… (leer artículo )
 
Una de piratas
 
 
Pulsar los rieles
No he querido regresar jamás. Salí una tarde de llovizna por la ventana más angosta, había clausurado las puertas, las esclusas y el carné con toda la fisura de mi ideología de estudiante inverosímil.
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Lo demás, el silencio
Entre los cinco y los siete años trasunté lo desconocido, perfilando los contornos de la tosca mano de Manuelico que, dueño del aire y de mi mente, me sacaba a pasear más allá del arroyito que estaba a diez minutos de la casa. Él conocía todas las historias y –supongo– todos los mapas, los puertos, las ciencias. Sabía tanto que, en su boca, la guerra era un juego de niños, asoleándose o correteando sobre el pasto de los días. (leer artículo )
 
El negro aclara
Después de haber visto caer las sólidas paredes del muro de Berlín o ciertas áreas del Pentágono, pocas farsas me sorprenden. Hace tiempo perdí el interés por la comedia bufa y tonta, mi risa es de otro mundo. (leer artículo )
 
Lección de historia cero once
Si pudiera reencontrarme con Máximo Avilés Blonda, le diría que su mejor lección de Historia 011 fue haber descrito cómo se siente un pueblo invadido por tropas extranjeras. Con Hugo Tolentino Dipp tengo otra pendencia, y espero saldarla en tiempo real y en su momento. (leer artículo )
 
Griffin con tarta helada
Trozos de viejos calzones, cepillo, brocha, betún, pasta y paquitos para los clientes; conformaban el más preciado bien de tu pujante y meritoria empresa. Ese fue el comienzo. Eras el que sabía entretener al marchante. Andabas sobre la tierra y con los pies, a zancadas cortas, seguras, y con tu industria al hombro. Tus ideas eran claras: conversar con el cliente para que pagara conforme. (leer artículo )
 
La histeria me absorberá
Además de las mandarinas, los vocablos fuertes y las muchachas caminando por las plazas, me gustan las calles viejas, los artefactos extraños e inservibles y los periódicos de antes, con noticias refritas, ocultas entre las ofertas de las tiendas por departamentos y los cupones de alimentos chatarra, medicina natural y amores por encargo. (leer artículo )
 
 
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